El hombre que andaba en el color:
Trabajo
sobre el libro arriba citado, escrito por Geoges Didi-Huberman, nacido en
Saint-Ètienne en 1953, historiador y ensayista francés; realizó sus estudios en
Roma y Londres. Fue responsable de diversas exposiciones, y entre sus
influencias más evidentes se encuentran Freud, Foucault, Pseudo Dionisio
Areopajita y Platón. Ensayo ontológico de cuerpo onírico y prosa poética
abarrotada de metáforas, diríase que gran parte del texto tiene una estructura
alegórica. El ensayo está estrictamente dedicado a la obra de James Turrell.
La
alegoría comienza en un entorno bíblico, más concretamente en el Éxodo “Camina
sin fin; parece que esto durara cuarenta años” tratando a un ser denominado El
Ausente. Este ente de carácter indeterminado, un contenedor del todo y de la
nada, es tratado y surgido como y de una dimensión del deseo del hombre, tal
vez una vaga esperanza de comprensión o de apoyo proporcionada por la soledad y
la necesidad de una meta o un guía. A lo largo de la obra se clarifica un
fuerte sentimiento de ridículo hacia las prácticas y pruebas de Dios hacia el
hombre.
Como
tema central de la obra, dentro del tratamiento de fábula que impera en su hilo
discursivo, los colores y la luz son el nudo gordiano del marco metafísico,
entendidos como una dimensión ontológica del pensamiento y los sentimientos del
ser. La percepción comienza en el ser siguiendo la deducción evento, cosa.
La
concatenación Ontológica-Teológica obliga a crear una subdivisión de términos.
Sensaciones, reflexión, color y luz; vacío, lleno, motor sensacional.
Retomando
el hilo, el ente principal, geometra espacial, al vagar por el desierto
(humanidad) entra en un proceso de distorsión espacio-temporal capitaneada por
el color y la luz. Esto no es más que un marco alegórico dirigido a introducir
la obra de Turrell como un éxodo espiritual.
Una
obra de carácter impactante n la que entra en juego no solo la pieza central si
no la escenografía, primero a través de la luz artificial si no mas tarde a
través de la yuxtaposición entre el artificio y la naturaleza. Mediante la
unión de la luz y el color Turrell elimina el espacio creando un templo
adimensional con su obra, así el protagonista no cesa de caminar infinitamente
por la amplia obra del autor, siguiendo su progresión y evolución
Así
Turrell prescinde de la forma tangible, creando una construcción metapsicológica
del espacio desdibujado por la luz creando una impresión de tendencia infinita.
Este hecho cierra el círculo metafórico del desierto como un vacío del espacio
visual.
La
procesión de un prosa onírica confiere a la obra una ligereza y amenidad que facilitan
la comprensión e invitan a seguir a nuestro protagonista en su solitario viaje
por el universo expansivo de la obra de Turrell, con la estructura clásica de
un ensayo ejemplifica y muestra soberanamente bien el nudo gordiano del arte y
el tratamiento, experimental en este caso, de la forma y el color en el espacio
físico, ajeno y yuxtapuesto a la pieza central abriendo el objetivo del lector
y expandiendo el campo visual a la hora de valorar y disfrutar de una obra.
Bibliografía:
Arteyaparte.com
Es.wikipedia.org
El
hombre que andaba en el color. Didi Huberman
La
era del vacío. Gilles Lipovetski
La
cena. Platón
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